El daño por agua es la reparación más urgente que manejamos. Dos teléfonos pueden darse el mismo chapuzón: el dueño que hizo lo correcto en la primera hora se lleva su teléfono funcionando, el otro termina en una reconstrucción a nivel de tarjeta. Esto es exactamente lo que debes hacer.
Paso 1: Apágalo. Ya.
El agua casi nunca mata un teléfono — lo que lo mata es la electricidad pasando por el agua. Cada segundo que el equipo sigue encendido, la corriente puede hacer corto entre pistas que se están corroyendo. No revises si funciona. No lo conectes “para probar”. Apágalo de inmediato y aguanta las ganas de volver a encenderlo.
Paso 2: Quítale todo
Saca la funda, expulsa la bandeja del SIM y desconecta lo que tenga conectado. Esas aberturas dejan salir el agua en vez de atraparla adentro. Seca el exterior con un paño sin pelusa.
Paso 3: Escúrrelo, no lo sacudas
Sostén el teléfono con el puerto de carga hacia abajo y deja que la gravedad trabaje. Unas palmaditas suaves están bien; sacudirlo con fuerza mete el agua más adentro. Nunca uses secadora de pelo — el calor empuja la humedad hacia dentro y puede deformar los sellos.
Olvídate del arroz
El arroz es un mito de cocina que sobrevive porque a veces el teléfono se habría secado de todos modos. Casi no saca humedad de un equipo sellado, y el polvo de almidón se puede meter en el puerto. Si tienes bolsitas de sílica gel, esas sí ayudan — mete el teléfono en un recipiente cerrado con un puñado de ellas.
Paso 4: Que lo abra un profesional
Aunque el teléfono parezca estar bien después de secarse, los minerales que quedaron adentro siguen corroyendo por semanas — por eso “funcionó un mes y luego se murió” es la historia de daño por agua que más escuchamos. Un tratamiento correcto significa abrir el equipo, desconectar la batería y limpiar la tarjeta con alcohol isopropílico bajo microscopio.
Tráelo dentro de 24–48 horas y nuestra tasa de éxito pasa del 90%. Espera una semana de “parece que está bien” y las probabilidades caen rápido. Si tu teléfono acaba de darse un chapuzón, apágalo y ven a vernos — siempre puedes llegar sin cita.